Crece Hongos

Mi experiencia al cultivar melena de león en casa por primera vez

Mi experiencia al cultivar melena de león en casa por primera vez
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Eran pasadas las doce de una noche de agosto, de esas donde el frío de Rosario se te mete en los huesos aunque tengas la estufa al mango, cuando abrí la puerta del placard y la vi. No era el manchón grisáceo de las gírgolas a las que ya estaba acostumbrada, sino una especie de nubecita blanca, etérea, que asomaba tímida por el tajo de la bolsa de residuos. Me quedé un rato largo mirándola con el mate ya lavado en la mano, pensando que finalmente algo vivo estaba pasando en ese rincón oscuro de mi departamento mientras yo me quemaba las pestañas traduciendo manuales técnicos de medicina.

Antes de seguir, una aclaración chiquita: en este cuaderno de bitácora vas a encontrar enlaces con etiqueta de afiliado. Si terminás comprando un curso o un kit a través de ellos, Hotmart me pasa una comisión chica que a vos no te recarga ni un peso el precio final. Es mi forma de bancar el sustrato, las tandas que se me ponen verdes y estos ratos que me tomo para escribirte entre traducción y traducción. Todo lo que menciono lo probé yo misma en este placard que ves en las fotos.

Una nube blanca entre los tapados de invierno

Cultivar Hericium erinaceus, o melena de león para los amigos, no tiene nada que ver con las gírgolas que crecen casi por compromiso. Venía de un par de éxitos con las gírgolas grises, pero quería algo que no pareciera un hongo de supermercado. El tema es que el micelio de la melena es rarísimo; es tan fino y tenue que al principio jurás que la bolsa está vacía o que el hongo se murió de tristeza. Es una transparencia que te pone a prueba la paciencia rosarina.

Esa primera noche de agosto, el olor a madera húmeda y bosque que salía del placard de los abrigos era más fuerte que nunca. Es un aroma que me transporta directo a los recuerdos de mi abuela contando cómo juntaban hongos silvestres en el campo, aunque yo esté acá, en un tercer piso cerca del Monumento, rodeada de cemento. Mover la bolsa de residuos negra y sentir ese perfume es, para mí, el momento donde el laburo de pantalla se apaga y empieza lo real.

primer brote de melena de león en bolsa de cultivo

De las gírgolas fáciles al desafío del micelio propio

Después de casi un mes de espera donde no pasaba nada, entendí que si quería resultados distintos tenía que dejar de comprar el inoculante ya hecho y empezar a entender la cocina del asunto. Me pasaba que dependía siempre de lo que me mandaran por correo, y a veces llegaba medio pasado o no prendía. Fue ahí cuando me decidí a probar el curso de Produccion de Micelio de Setas [El que probe]. No porque quiera ponerme una fábrica, sino porque me cansé de tirar plata en bolsas que no colonizaban.

Lo que más me sirvió fueron los materiales descargables. Soy traductora, vivo de los textos, así que tener las guías ahí para chequear mientras esterilizaba frascos en la cocina minúscula de mi depto me dio una seguridad que no tenía. Eso sí, me agarró una paranoia importante con la higiene. En el curso hablaban de la eficiencia de los filtros HEPA 14, que llegan a un 99.995% de filtrado, y yo ahí, limpiando todo con alcohol al 70 mientras el gato del depto de al lado me miraba desde el balcón con cara de 'esta piba se volvió loca'.

Acá es donde entra el gran drama de cultivar en departamento: las mascotas. Mi vecina a veces deja que su gato se pase a mi balcón, y el bicho aprendió a abrir el placard con el hocico. Para la melena de león esto es una tragedia porque es híper sensible a las corrientes de aire y a cualquier mugre que traiga el animal en los bigotes. Si tenés gatos, el placard es tu mejor amigo pero también tu mayor frente de batalla; un descuido y el micelio termina contaminado o el bloque destruido por una patrulla gatuna curiosa.

El drama de la humedad y el higrómetro que miente un poquito

Mantener el ambiente justo en Rosario es un deporte extremo. Pasamos de una humedad que te pega la ropa al cuerpo a días secos de estufa que te parten la piel. Para la melena de león, necesitás estar en un rango de humedad relativa de entre el 85-90%. Si baja de ahí, los 'dientes' —esas estalactitas blancas tan lindas— se te secan y quedan como pelos de muñeca vieja. Si te pasás, como me pasó a mí una tarde de lluvia en mayo, el hongo empieza a 'sudar' un líquido amarillento.

Me pegué un susto bárbaro. Pensé que lo había matado, que era una infección o moho verde. Me puse a revisar las guías de identificar contaminaciones en el cultivo de hongos y me di cuenta de que era simplemente exceso de agua. Le estaba dando con el rociador como si fuera un helecho y el pobre hongo estaba ahogado. Tuve que ajustar mi higrómetro barato, ese que compré por dos mangos y en el que confío más de lo que debería, y dejar de ser tan intensa con el riego.

higrómetro digital marcando humedad para el cultivo de hongos

El tema de la temperatura también es clave. El rango ideal para que fructifique está entre los 18-24°C. En invierno, el placard mantiene el calorcito de la casa, pero hay que tener cuidado de no pegarlo a la pared que da al exterior si es muy fría. Si te interesa el tema del clima interno, podés chusmear este post sobre cómo controlar la temperatura para cultivar hongos en casa en invierno que escribí hace un tiempo.

El curso que me salvó de tirar todo por la ventana

Sinceramente, si no hubiera hecho el curso de producción de micelio, creo que a la tercera bolsa con moho verde hubiera revoleado todo al patio de aire y luz. Lo que tiene de bueno es que no se va por las ramas con teorías de laboratorio inalcanzables; es muy para el que quiere hacerlo en su casa con lo que tiene. Aprendí que la clave no es tener un laboratorio de la NASA, sino ser metódica con la limpieza y entender los tiempos del hongo.

Obviamente, aclaro que yo no soy bióloga ni experta en nada; soy una traductora que busca un cable a tierra. Lo que te cuento es lo que me funcionó a mí. Siempre digo que antes de mandarte a comer algo que cultivaste, te asegures bien de qué es. Identificá bien tu cosecha y, si tenés dudas, no la comas. Y si tenés alguna condición de salud, consultá con un profesional antes de sumar cosas raras a tu dieta.

Lo que me gustó del curso:

Lo que no me gustó tanto:

curso de producción de micelio de setas en una mesa de cocina

La cosecha: un pompón de algodón en mis manos

Varias semanas después de esa primera noche de agosto, la melena ya estaba lista. Los dientes habían bajado unos milímetros y se veía blanca, impecable. Mirar el cursor titilando en una traducción técnica de medicina en la pantalla y pensar que prefiero mil veces estar chequeando si el micelio ya cubrió el sustrato es mi gran verdad de cada día. Hay algo en el hongo que te pide presencia, no te deja estar 'en la nube'.

Sentí ese escalofrío de emoción en los dedos al tocar por primera vez la textura de 'pom-pom' suave de la seta. Es increíblemente blanda antes de que se ponga rígida si la dejás pasar de tiempo. Es una sensación táctil que no se parece a nada; ni a la gírgola, ni al champiñón, ni mucho menos a un teclado de plástico. Es como tocar un pedacito de nube que creció entre mis tapados y mis camisas.

detalle de los dientes o estalactitas de un hongo melena de león

Ese sábado a la noche, el ritual fue completo. Coseché un puñado de melena de león —lo justo para una cena— y la hice a la plancha con un poquito de manteca y ajo. El sabor es delicado, dicen que se parece a la langosta o al cangrejo, y la verdad que algo de eso hay. Pero más allá del sabor, lo que se siente es el orgullo de haber cerrado el ciclo en un departamento de dos ambientes en el medio de la ciudad.

Reflexiones finales desde el mate frío

Si estás pensando en arrancar, mi consejo es que no te desesperes si la primera bolsa se te pone verde. A todos nos pasa. A veces es el sustrato, a veces es un descuido, a veces es que el gato decidió que el placard era su nuevo lugar de siesta. Lo importante es aprender a mirar. Si querés ahorrarte un par de frustraciones y empezar a producir tu propio micelio con una base sólida, dale una chance al curso de Producción de Micelio de Setas. A mí me cambió la forma de ver el rincón de mi placard.

cosecha manual de melena de león en el placard de casa

Ahora que empieza el otoño de verdad y el frío se siente otra vez, ya estoy preparando la próxima tanda. Porque cultivar hongos no es solo una forma de comer rico; es una forma de acordarse de que, aunque vivamos entre pantallas y entregas urgentes, la vida sigue sus propios tiempos, silenciosa y blanca, en el estante más bajo del ropero. Si querés saber más sobre cómo arrancar, date una vuelta por mi nota sobre los primeros pasos para la producción de micelio. ¡Suerte con esa nube!

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