Crece Hongos

Diferencia entre esporas y micelio de hongos para el cultivo en casa

Diferencia entre esporas y micelio de hongos para el cultivo en casa

Son casi las doce de la noche en Rosario y el mate se me enfrió hace una hora, pero acá sigo, mirando una mancha negra minúscula en un pedazo de papel aluminio. Afuera llueve sobre la calle Corrientes y yo estoy acá, en silencio, preguntándome si de este polvillo que parece hollín realmente va a salir la cena de algún sábado del mes que viene. Si alguna vez intentaste cultivar hongos en el placard de tu depto, seguro pasaste por este momento de duda existencial micológica.

Antes de seguir, una aclaración chiquita: en este cuaderno hay algunos enlaces con etiqueta de afiliado. Si terminás comprando un curso o un kit por ahí, a mí me pasan una comisión chiquita que no te recarga el precio a vos. Con eso pago el sustrato, las bolsas de residuos que uso para forrar el placard y las tandas que, bueno, terminan en el tacho porque el moho verde me ganó la pulseada. Todo lo que cuento acá es porque lo probé en mis propios frascos.

Esa mancha negra en el papel aluminio (mediados de agosto)

A mediados de agosto, cuando el frío en Rosario te cala los huesos y no dan ganas de salir ni a la esquina, me obsesioné con la idea de las esporas. Las esporas son, básicamente, el polen de los hongos. Son como los planos de una casa: tienen toda la información necesaria, pero no son la casa. Son microscópicas, vuelan con un suspiro y, si tenés suerte, aterrizan en algo rico para comer y deciden que es buen momento para nacer.

Impresión de esporas de hongo sobre papel aluminio mostrando el patrón radial negro.

El tema es que, como son tan chiquitas, no vienen solas. En el aire de mi departamento, entre los pelos del gato del vecino que se mete por el balcón y el polvillo de los libros que traduzco, hay de todo. Intentar que una espora de gírgola germine en un frasco sin que se meta un hongo intruso es como intentar escribir una traducción perfecta en medio de una fiesta electrónica. Es posible, pero las chances de que algo salga mal son altísimas. En mi primer intento, lo que creció no fue blanco y hermoso, sino un manchón gris que olía a sótano olvidado.

Si estás dando tus primeros pasos, quizás te sirva leer sobre mi experiencia al cultivar melena de león en casa por primera vez, donde entendí que la paciencia es más importante que cualquier higrómetro caro.

Cuando el micelio se parece a una red de Wi-Fi natural

Hace unos seis meses, después de frustrarme con las esporas, entendí la diferencia con el micelio. Si las esporas son los planos, el micelio es la obra en construcción. Es el cuerpo del hongo, esa red de hilos blancos (hifas) que parece algodón o una telaraña muy prolija. Cuando comprás micelio —o "semilla" como le dicen a veces—, ya tenés al organismo vivo, despierto y con hambre, colonizando algún grano como mijo o centeno.

El micelio es mucho más robusto para los que cultivamos en un placard. Mientras que la espora es un bebé que necesita cuidados intensivos, el micelio ya es un adolescente con ganas de comerse el mundo. En mi placard, trato de que la temperatura de colonización para mis gírgolas esté cerca de los 24 grados Celsius. Es el punto dulce donde el micelio avanza rápido. Si hace más frío, se achancha; si hace más calor, le das ventaja a las bacterias.

Lo loco es ver cómo se comunica. El micelio siente. Si un rincón de la bolsa está más húmedo, se estira para allá. Yo miro mi higrómetro barato y me marca 85% de humedad ambiente cuando ya estoy para fructificar, y ahí es cuando el micelio decide que ya no quiere comer más grano, sino que quiere salir afuera a ver qué onda y transformarse en seta. Es un proceso que no deja de asombrarme, aunque ya lo haya visto diez veces.

Un sábado de lluvia y la vergüenza del moho verde

Un sábado de lluvia, hace no mucho, me pasó lo que todo cultivador casero teme. Abrí el placard esperando ver ese blanco inmaculado y me encontré con una mancha verde neón. El famoso Trichoderma. Es el archienemigo de los hongos gourmet. Me dio una bronca... sentí la vergüenza de tener que sacar la bolsa de residuos llena de paja podrida y llevarla al contenedor de la esquina tratando de que ningún vecino me viera.

Frasco de vidrio con grano siendo colonizado por micelio blanco y saludable.

El error fue mío por intentar apurar el paso con esporas en un ambiente que no estaba lo suficientemente limpio. Las esporas necesitan una esterilidad que en un departamento de dos ambientes es casi imposible de lograr sin un filtro HEPA H14 que filtre el 99.995% de las partículas. Yo, claramente, no tengo eso; tengo un placard y muchas ganas. Por eso, para nosotros los mortales, el micelio ya colonizado es el camino. Es más resistente a las contaminaciones porque ya ocupa el espacio. Si querés saber más sobre este drama, escribí una nota sobre qué hacer si aparece moho verde en el sustrato de hongos.

¿Por qué insistir con las esporas si el micelio es más fácil?

Acá viene lo que aprendí después de muchas tandas fallidas y algunas exitosas. Aunque el micelio es más fácil porque es un clon (es como un gajito de una planta), las esporas tienen algo mágico: la diversidad genética. Cada vez que dos esporas se juntan para formar micelio, están creando un individuo nuevo, único.

Esto me lo explicó una vez un conocido que sabe de biología (yo no, yo solo traduzco y observo): esa diversidad permite que el hongo se adapte mejor a las condiciones específicas de *tu* casa. Quizás las gírgolas que crecen de mis esporas terminan siendo más resistentes al calor seco del verano rosarino que un micelio comprado que viene de un laboratorio con aire acondicionado en Buenos Aires. Es una apuesta a largo plazo, una forma de criar una "cepa del depto". Pero ojo, es para cuando ya le agarraste la mano al resto.

Contaminación de moho verde Trichoderma en una bolsa de cultivo de hongos.

Si recién empezás, no te compliques. Andá por el micelio. Aprendé a expandirlo vos misma para no tener que andar comprando inoculante cada vez que querés poner una bolsa nueva. Yo hice un cambio total cuando empecé a estudiar cómo producir mi propio micelio en casa de forma más seria, dejando de depender de los kits armados que a veces me llegaban medio secos por el envío.

Dejar de comprar para empezar a crear

Hace un par de semanas decidí que ya no quería ser solo la que abre cajas, sino la que entiende qué pasa adentro del frasco. Me anoté en un curso sobre Producción de Micelio de Setas y fue un viaje de ida. No es que de repente me convertí en científica, sigo siendo la misma rosarina con el placard lleno de bolsas, pero ahora entiendo por qué mi micelio a veces se ponía amarillento o por qué tardaba tanto en arrancar.

Lo que más me sirvió fue el material descargable. Lo tengo en la tablet y lo consulto cada vez que veo algo raro. Me enseñó a esterilizar el grano en mi propia cocina, sin herramientas de la NASA. Si te interesa dejar de gastar en kits y empezar a tener tu propia "fábrica" de semillas en un rincón, te recomiendo pegarle una mirada a esos primeros pasos para la producción de micelio de setas en casa. Obviamente, no soy profesional de la salud ni bióloga, así que siempre consultá con alguien que sepa y asegurate de identificar bien lo que cultivás antes de comerlo. Pero para el hobby, es un camino hermoso.

El olor a bosque en medio de la ciudad

Hay un momento exacto, generalmente un domingo a la mañana cuando el resto del edificio duerme, en que abro el placard y me invade un olor a tierra mojada y bosque fresco. Es un olor limpio, profundo, que no tiene nada que ver con el olor agrio o a podrido de una bolsa que falló. Cuando el micelio blanco coloniza totalmente el grano y se ve como una nieve compacta, sabés que ganaste.

Detalle macro de micelio blanco creciendo vigorosamente sobre sustrato de paja.

Mi abuela siempre contaba que en el campo, después de las tormentas, salían a buscar hongos silvestres entre los troncos caídos. Yo no tengo campo, tengo un tercer piso cerca del río, pero ese olor es el mismo. Es el olor de algo vivo que está pasando en un rincón, mientras yo trato de pelearme con una traducción difícil en la pantalla.

Al final del día, la diferencia entre esporas y micelio es técnica, pero la sensación es la misma: la de estar cuidando algo que no necesita Wi-Fi, ni cables, ni que le prestes atención constante. Solo oscuridad, un poco de humedad y el respeto por sus tiempos, que nunca son los nuestros. Si tenés un placard libre y un poco de curiosidad, probá. Empezá con micelio, sentí el olor a bosque, y después, si te animás, jugá a ser creadora con las esporas. Vale la pena cada revuelto de los sábados.

Si querés probar por vos misma el camino de producir tu propio inoculante, te dejo el link al curso que a mí me ayudó a ordenar el caos del placard: Producción de Micelio de Setas [El que probé]. No te garantiza que no se te contamine nunca nada (la limpieza depende de vos), pero te da las herramientas para que, cuando pase, sepas por qué fue.

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