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Cultivar shiitake en casa y por qué tardan tanto en aparecer

Cultivo de shiitake en departamento: bloque de sustrato con pardeamiento antes de fructificar

Las gírgolas piden poco y dan todo en cuestión de días; el shiitake pide todo y no da señales de vida en meses. Esa es la pregunta que más me hacen cuando cuento que tengo un bloque de aserrín ocupando un cuarto de mi placard: ¿por qué tarda tanto el cultivo de shiitake en departamento, y por qué encima se pone marrón como si algo hubiera salido mal? Ahí va algo de la paciencia del cultivador que junté haciendo micelio casero en un rincón que ni ventana tiene.

Antes de meterme de lleno, un aviso corto: en esta nota hay algún enlace de afiliado, y si en algún momento comprás un curso o un kit desde acá, a Hotmart le llega una comisión chica que me ayuda a bancar el sustrato y las tandas que se me arruinan, sin que a vos te salga más caro. No soy bióloga ni nada parecido, solo alguien que traduce de día y cultiva hongos de noche, así que antes de comer cualquier cosa que salga de un bloque, identificá bien la especie y consultá con un profesional si tenés dudas.

El bloque que no avisa nada

Con las gírgolas todo es inmediato: abrís la bolsa, rociás un poco, y a los pocos días tenés un racimo mirándote con ganas de que lo cortes. El shiitake (Lentinula edodes) directamente no te habla. Mi bloque se quedó ahí, mudo, entre mis tapados de invierno, tanto tiempo que ya me daba vergüenza mencionarlo cuando alguien preguntaba cómo iba el cultivo. Ni dando vueltas por la feria americana de Pichincha, acá en Rosario, iba a encontrar un atajo para esa espera.

Fue justamente esa espera la que me hizo buscar algo más que kits ya armados. Me metí de cabeza en Produccion de Micelio de Setas [El que probe] un sábado de lluvia, mate de por medio, tratando de entender por qué mis intentos anteriores terminaban siempre igual: bolsa a la basura, olor raro, bronca. En estos tres años cultivando en el placard aprendí que el shiitake no perdona la improvisación con la higiene — si el sustrato no queda bien esterilizado, lo que crece después no es lo que buscabas.

Bloque de shiitake con micelio casero mostrando el pardeamiento y su textura rugosa

Cómo distinguir un micelio muerto de uno en espera

Para el que llegó apurado buscando la respuesta corta: no, ese marrón no significa que se murió. El micelio arranca blanco, esponjoso, como una nube. Después, en vez de seguir así para siempre, se pone rugoso y oscuro, y ese cambio asusta si nadie te avisó que tenía que pasar.

Estuve a un paso de tirar mi primer bloque a la basura pensando que era una infección. Lo que me frenó fue algo tan simple como meter la nariz adentro del placard: no había olor a podrido, había un olor a tierra mojada que no estaba antes, denso, nuevo, distinto al de mis botas guardadas al lado. Ese cambio de color es el bloque madurando, no pudriéndose — la señal para distinguirlos es esa, el olfato antes que la vista.

Higrómetro midiendo la humedad dentro del placard durante el cultivo de shiitake en departamento

Marrón bueno, marrón que no lo es

Ahora, hay un marrón que sí es motivo de preocupación, y ahí fue donde metí la pata yo. Una tarde con apuro le rocié agua de la canilla directo al bloque sin dejarla reposar ni un rato. A los pocos días, los bordes del micelio que estaban blancos y sanos se pusieron de un café raro, distinto al pardeamiento parejo del resto del bloque.

La diferencia, con la nariz y la vista ya entrenadas después de varias tandas, es esta: el pardeamiento bueno avanza parejo por todo el bloque y viene con ese olor a bosque húmedo. El marrón malo aparece de golpe, en manchas irregulares justo donde tocaste con agua sin reposar, y no cambia el olor para nada. Si en tu caso el problema fue al revés, que el bloque se te secó por completo, esa es otra historia — hay una nota sobre cómo recuperar un bloque de cultivo seco por falta de riego que sirve para ese caso puntual.

La calefacción central lo mantenía dormido

Otra pregunta clásica: ¿por qué el mío seguía sin hacer nada aunque ya había pasado lo del pardeamiento? En mi caso, la calefacción prendida todo el invierno era la culpable. El shiitake necesita sentir un cambio brusco de temperatura para largarse a fructificar, y mi placard estaba siempre igual de tibio, sin ese empujón que lo despierte.

El nebulizador que uso tose un par de veces antes de arrancar en serio esas mañanas heladas, como si a él tampoco le gustara madrugar — y esa tos terminó siendo mi mejor pista de que el aire de afuera había bajado lo suficiente como para forzar el cambio adentro. El tema de la humedad relativa ahí dentro da para una nota entera aparte, así que no me voy a explayar acá. Si estás arrancando y no querés bancarte una espera tan larga, hay otra nota sobre los primeros pasos para la producción de micelio pensada para elegir una especie que no te haga esperar meses.

Ventana abierta en un departamento de Rosario para bajar la temperatura del cultivo de shiitake

Lo que aprendí a controlar cultivando shiitake en el placard

Tengo una vecina que sale a correr por la costanera todos los domingos bien temprano, esa disciplina de horario fijo que a mí me falta hasta para regar. Con el shiitake terminé copiándole algo parecido sin querer: dejar la ventana abierta un buen rato las mañanas más frías y apagar la estufa, en vez de esperar que el hongo se acomode a mi comodidad. Esa caída de temperatura fue lo que finalmente lo despertó.

Primeros primordios de shiitake asomando en el sustrato de madera del cultivo casero

No es lo mismo esperar los primeros pines de una gírgola, que asoman apenas les das las condiciones, que esperar esto. Tampoco es el mismo ciclo: una gírgola te da varias tandas seguidas, una atrás de la otra, mientras el shiitake te hace esperar meses por una sola cosecha antes de volver a callarse. Reconocer un micelio sano a simple vista es otro aprendizaje aparte que ya conté en otro lado. Y si lo que te aparece en el bloque no es marrón sino claramente verde, ya no estamos hablando de pardeamiento — conviene leer qué hacer si aparece moho verde antes de que se extienda.

Cuando por fin aparecieron las primeras cabecitas oscuras entre los bultos del bloque, fue una alegría medio tonta, de esas que no le podés explicar bien a nadie. Los coseché con las manos, nomás, sin balanza ni nada técnico: el tallo se rompe con un sonido seco y da un puñado que alcanza para una cena de verdad. Los salteé con ajo y manteca y me serví una copa para festejar que, por una vez, algo vivo en mi departamento no dependía de wifi.

Cosecha de shiitake casero en la cocina de un departamento en Rosario

Si tenés un placard libre y ganas de probar tu propia paciencia, el shiitake vale el viaje: no es rápido ni es fácil, pero ese olor a bosque en medio de la ciudad compensa cada mañana de frío con la ventana abierta. Para quien quiera pasar de los kits armados a producir su propio micelio, sigo recomendando Producción de Micelio; a mí me ayudó a dejar de tirar bloques sin entender por qué fallaban. Suerte con el pardeamiento, y ojalá la próxima vez les dé menos miedo.

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